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Mi bacteria y yo

By octubre 17, 2015 No Comments

Los Ojos de Silvia Salgado Mi Bacteria y YoHola. Me llamo Silvia, y tengo cistitis. Pues sí. Esa sería mi forma de presentarme en una reunión de «infectadas de orina anónimas»…bueno, en este foro, o en cualquier otro, porque es lo primero que se me viene a la boca cuando hablo con alguien.

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Tres meses y medio. Tres meses y medio. Tres meses y medio.¡¡¡ TRES MESES Y MEDIO!!! luchando contra la klebsiella oxitoca, una bacteria pertinaz como la sequía e inasequible al desaliento que, aparte de amargarme la vida, he descubierto que a las mujeres nos une mucho…pero mucho, mucho.
Resulta que en estas laaaaaargas vigilias cargadas de dolor y desesperación, entraba en Internet buscando cualquier solución, ya que el bichito de los cojones se ha hecho resistente a todos los antibióticos que he tomado. Tecleaba en el buscador : solución-cistitis-infección- resistente- remedios caseros-klebsiella y no sé cuántas palabras más, y las combinaba de infinitas maneras en búsquedas infinitas con una fé infinita en encontrar ALGO que me permitiera volver a vivir como antes…feliz o infeliz, preocupada o confiada, estresada o aburrida…como fuera…pero SIN DOLORRRRR!!!
Pues bien, en esas búsquedas cibernéticas de madrugada, descubrí que el 95% de las cuarentonas/cuarentañeras han tenido, al menos una vez en su vida, un episodio de cistitis. Vaya, que al parecer es algo inherente a la esencia femenina. El modus operandi de la bacteria, que ya digo, en mi caso ha sido la klebsiella, pero que comparte podium con la E.coli, es siempre el mismo: en cuestión de segudos comienzas a sentir unas ganas terribles de ir al baño, vas pensando que tu vejiga va a descargar litros y litros de líquido…y..¡sorpresa!…cae una mísera gotita mientras, algo parecido a una gillette, te va rajando la uretra.
Pero claro, el horror no ha hecho más que comenzar, porque este bonito episodio vuelve a torturarte cada vez que entras en el aseo. Si tienes la inmensísima suerte de dar con un farmacéutico que te venda los dos sobrecitos de Monurol sin receta, te ha tocado la lotería, porque ese espantoso dolor que no te deja ni andar, ni hablar, ni respirar, cesará en unas horas. Pero claro, con esta «ley seca» de los antibióticos, resulta más fácil conseguir 5 gramos de heroína que el Monurol. Y eso que te has arrastrado por el suelo de la farmacia, puesto de rodillas, llorado e implorado que te vendiera la fosfomicina a cualquier precio…pero no. No hay manera. El 95% de los farmacéuticos, esa raza superior que lucha por erradicar del mundo a los ciudadanos que hacen mal uso de los antibióticos, te dicen (como si tú no lo supieras), que necesitas receta, que la cosa es muy sencilla; pedir hora con tu médico de cabecera, hacerte un cultivo de orina, y esperar el resultado para ver qué bichito tienes ahí abajo jodiéndote la vida. Y al otro lado del mostrador tú te vas haciendo pequeñita, pequeñita, y te sientes regañada como si te hubieran pillado falsificando las notas del colegio. Encima!
De nada sirve que le digas que no pides Monurol por vicio, sino por  necesidad…y que no te dan hora con tu médico hasta pasado mañana… y que no puedes irte a urgencias cuatro horas porque alguien tiene que quedarse con los niños…y que sí, que ya te harás el cultivo cuando termines el Monurol, pero que NECESITAS LA FOSFOMICINAAAAAAAAAA!!!!!!…
Así que, recoges la dignidad que has tirado por el suelo de la farmacia, y te vas a otra. JA!…y resulta que en las dos siguientes igual te pasa lo mismo, pero que hay una cuarta en la que compruebas que Dios existe porque, sin más ni más, ese farmacéutico al que regalarías en ese momento hasta las escrituras de tu casa, te dice…»pobre…qué mal lo tienes que estar pasando…ya sabes que necesitas receta, pero bueno, llévate el Monurol, traeme la receta cuando puedas y no olvides hacerte el urocultivo dentro de unos días».
Pues bien, miles de mujeres en todo el mundo viven a diario este episodio tan habitual, tan costumbrista, tan cotidiano.
Me sorprendió descubrir en los foros que TODAS, pero TODAS-TODAS las que hemos sufrido alguna vez cistitits, pasamos por lo mismo…en Argentina, Londres, México…siempre es igual…primero un dolor que en mi caso ha superado al de mis tres partos…y después la desesperación de no disponer de una solución rápida que te alivie.
El caso es que después de TRES MESES Y MEDIO con infección de orina, mi uróloga está estudiando qué antibiótico de uso hospitalario puede acabar con esta pesadilla. Ni las pastillas de arándanos, ni los lavados bicarbonatados con hojas de nogal, ni la ingesta de 3 litros diarios de agua (por cierto, odio el agua), ni esos vinitos blancos sacrificados este verano en Cádiz han servido de nada. De nada.
Y además no me puedo quejar. Así de claro. No soy ninguna descerebrada. Sé que una cistitis será dentro de un tiempo algo anecdótico, un capítulo más de mi vida, que de ésto no voy a morir y que en estos momentos millones de personas están luchando contra enfermedades realmente serias, dolorosas, traumáticas, y en el peor de los casos sin solución.
Pero como mi coach dice, todo pasa por algo…de todo se aprende…y vaya si he aprendido!…no sé cuándo me curaré, pero pongo a Dios por testigo que cuando haya vencido a la bacteria, todos los días de mi vida intentaré recordar lo afortunado que es uno cuando tiene salud. Hay que ver qué necios somos, coño.

Vivir y contar a partir de los 40
por Silvia Salgado

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