Reflexiones

SELECTIVIDAD ¿Y AHORA, QUÉ?

Los Ojos de Silvia Salgado Selectividad Estudiante Preocupada

Ésto de la Selectividad me hace sentir mayor. ¿Recordáis el post que le dediqué a mi hijo cuando cumplió 18 años? Pues bien, ahora es el mismo shock,  pero con la PAU.

De repente se me antoja enooooorme el término “Selectividad” .No sé, me suena a “mi niño es un tío”, a partidas de mus, a abono transportes, a fiestas, a viajes…en definitiva, a “ni Mateo es un bebé, ni yo acabo de licenciarme”..y eso que “fue ayer” cuando recogí mi título, pero ya ves…

¿QUIERES ESCUCHAR ESTE POST? 

O PREFIERES SEGUIR LEYENDO…

Y para colmo, me acaba de decir, paradojas de la vida, ¡que le toca examinarse en Derecho!, que era la facultad donde su padre y yo “buscábamos tranquilidad” la noche de los sábados. Puf. Pues no ha llovido. Es más, a ver si el martes cuando le lleve a examinarse recuerdo el camino.

Pero sí, el tiempo ha volado y las cosas han cambiado muchísimo; tanto, que aún no consigo entender cómo se calcula la nota final. Me pieeeeerdo en este sistema raro de “medias ponderadas”, porcentajes y “puntuaciones sobre 14” (con lo fácil que era hacerlo sobre diez, pero en fin, habrá una explicación que se me escapa)…y sigo sin distinguir las materias de modalidad de las específicas. Ya ni siquiera hay ciencias o letras, sino técnicas, biosanitarias o ciencias sociales. Y lo peor es que a mi hijo le duele la boca de explicarme “lo sencillo”que es…y es entonces cuando me siento mayor…y un poco bruta.

Sí, claro que han cambiado las cosas, pero no sólo por la mecánica y baremación de los exámenes, sino por la actitud vital de estos chavales. Vaya por delante que soy de las pocas personas que NO cree que un tiempo pasado fuera mejor solo porque nos tocara vivirlo. Desde muy pequeña no encajaba bien esas frases que nos soltaban los mayores  tipo “yo a tu edad jugaba con una caja de cartón y una cuerda y era feliz” Y yo pensaba: “¿Feliz? Pues yo más. Lo siento por ti. No sabes lo que te perdiste con la Barbie o el primer Spectrum”.

Y eso que me paso el día diciéndoles a mis hijos que ya vale de la Play, que llevan toda la tarde con los cascos puestos y gritando por el micro a su amigo-on-line que dispare, que se suba al tejado, que le cubra o que mate algún bicho sideral. Ellos me dicen que no están solos, porque juegan a la vez con siete de su clase…y claro, yo me tengo que callar, porque reconozco que eso tiene poco de aislamiento. Además, qué os creéis, ¿que si los videojuegos nos hubiesen pillado a nosotros hace treinta años no habríamos jugado como locos? Buaaaah…yo habría desarrollado una adicción total.

Pero a lo que iba: los chavales que esta semana harán los exámenes de Selectividad son muy diferentes a nosotros; salvo contadas excepciones, no tienen ni ideeeea de que estudiar. En mis tiempos, (los tiempos del COU y las pesetas) parecía una tragedia no tener claro el futuro; ya no te digo cambiar de carrera…y menos aún tardar seis años en sacarte la licenciatura. Y hasta hace muy poco yo misma lo veía como un fracaso ¿Y por qué? Muy sencillo…porque era lo que YO había conocido, lo que a MI me había tocado vivir.

Los Ojos de Silvia Salgado Estudiantes

Empecé a trabajar a los 18 años simultaneando curro y carrera… y era algo normal. Si un estudiante de periodismo no sacrificaba sus veranos para hacer prácticas desde el primer curso, ya llevaba el estigma del fracaso en la frente. Sí, claro que tuve mi recompensa profesional…a los 20 años ya era fija en la radio. Pero soy consciente de todas las cosas buenas a las que renuncié ¿Y de verdad que porque yo eligiese quedarme sin veranos, mi hijo tendría que hacerlo ahora? ¿Acaso eso garantizaría su futuro profesional o su felicidad? ¿Debemos considerar una pérdida de tiempo irrecuperable y traumática que un joven no se licencie con 23 años? NOOO. Ni mucho menos. El pasado está muy bien, pero debería servirnos para aprender a hacer las cosas mejor en el presente.

Por eso me resisto a cometer el error de nuestros mayores, a comparar lo FANTÁSSSTICO que era nuestro mundo y lo MARAVILLOOOOSAMENTE bien que lo hacíamos todo. Ellos han vivido algo diferente con lo que NO conectaremos por mucho que queramos, porque es ley de vida. Y pretender que sean como fuimos o que sepan lo que nosotros aprendimos, es un error. ¿De verdad somos un modelo a seguir? ¿De verdad es natural que a los 18 años un chico tenga claro “qué quiere ser de mayor” y cómo quiere vivir?…que “lo suyo” sea la nanotecnologia o la ingeniería industrial? Por Diosss! ¡Si acaban de terminar el colegio con la flauta en la mochila y apuntes que ni entienden cogidos al dictado!

¿Que no saben qué quieren estudiar? NORMAAAAL. No es un fracaso. Tienen 18 años. A mí no me importa que Mateo se cambie de carrera dos o tres veces si finalmente acaba encontrando ese grado (ahora se llama grado) que le guste. Mientras tanto, le digo que viva, que aprenda, que entre, que salga, que baile, que ría, que lea, que se vaya de Erasmus a Finlandia…que la vida es corta y la juventud aún más. Que sea feliz. Eso es lo que me importa. Y es su momento; a ellos les toca vivir una etapa maravillosa… y a mí, morirme de envidia.

 

 

 

 

 

Author Silvia Salgado

More posts by Silvia Salgado

Join the discussion One Comment

Leave a Reply