Mis lecturas

EL DON DE DRAPER

By octubre 17, 2015 No Comments

Los Ojos de Silvia Salgado El Don de DraperQueridas cuarentonas…cuarentañeras…y… ¡cuarentones!…sí, sí…cua-ren-to-nes. Por supuesto que sois bienvenidos. Especialmente si vuestros comentarios me siguen produciendo esa contínua hemorragia de endorfinas que tanto ha disparado mi autoestima en las últimas semanas.

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Después de publicar el post sobre el “Día de la Mujer Trabajadora”, me llovieron  las respuestas de algunos varones airados que “por-su-pues-to-sa-bí-an-si-en-su-des-pen-sa-ha-bí-a-le-che (léase con tonillo castizo, que tiene más gracia). En serio…millones de gracias.¡Me encanta! Me encanta que os toméis la molestia de escribir vuestros comentarios…y más aún que seáis más de dos y tres lo que os despertéis en mitad de la noche asfixiados por la angustia de no saber si hay o no leche para el desayuno. Buena señal, sí señor.

Y dicho ésto, al lío. Bueno, no. Un inciso;  sabéis que no soy una bloguera activa (inevitables las connotaciones sexuales del término activa, sí, pero es lo que hay). Así que lo dejamos en “poco constante”. Os recuerdo que no me gusta publicar por publicar, y que sólo lo hago si de verdad tengo claro qué quiero compartir. Me da igual que sea un desmaquillante, que una página web, que una serie de televisión. Y eso es precisamente lo que me ha ocurrido hoy; que el duende de la inspiración (yo no tengo musa) me ha dado un tirón de pelo para recordarme que Don vuelve. Ainnnnssssss… Don Draper!…el personaje de Mad Men que más tertulias post-cena ha protagonizado en mis encendidísimas discusiones con amigos. Os prometo  que en 19 Sushi Bar aún siguen buscando un pendiente mío que salió disparado (sabe Dios a qué velocidad) cuando en el fragor de la batalla dialéctica acerca de Don, reforcé mi perorata con esos aspavientos míos que tanto me delatan después de una botella de vino. 

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Y es que Draper tiene un don; como espectadoras, nos encandila…como mujeres, nos repele. Y creo haber hallado el porqué de esta contradicción tan exasperante. Ojo,que a esta conclusión que ahora os voy a desmenuzar no he llegado yo solita, sino a través de las muchísimas conversaciones que he mantenido ( algunas más airadas que otras, claro) , sobre la figura que representa el guapérrimo John Hamm. Pero es que Don es así. NOS ENCIENDE. A todos y a todas. Literalmente. En todos los sentidos. Cuesta lo mismo defenderle que ponerle a parir. Es el rey de la contradicción. O mejor dicho; es quien mejor saca a relucir NUESTRAS contradicciones.
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(Imagen: amc.com)
Me explico; en la primera temporada de Mad Men conocimos a un tipo aparentemente perfecto: espectacular, sexy, inteligente, seductor, ingenioso…uffff….tan, tan, tan perfecto, que dolía. …porque hay que ver qué bien fuma, qué bien se emborracha, qué bien lidera las reuniones en la agencia de publicidad, qué bien se tira a sus amantes, qué bien le pone los cuernos a Betty….espera, espera, ¿cóoomoooo?¿qué acabo de decir? …entonces…¿cómo es la cosa?…¿somos capaces de disculpar en la serie lo que no consentiríamos en nuestra vida real? Pues…después de esas larguíiiiisimas y acaloradísimas discusiones, mi conclusión es: SÍ. En otras palabras…nuestro cinismo no tiene límites. O sea, que si lo hace Don, mola…total…es una peli…total…con lo bueno que está…total…si su mujer no se entera y ojos que no ven…total…mientras no me lo haga a mi…total…¿total, qué?…¡total, nada!. Vamos, que por el carril de subida circula la moral, y por el de bajada, Don Draper.
Pues bien, de todas mis amigas, la peor he sido yo. Sin duda. Así que, arrodillada y con el látigo de siete colas en la mano, entono el mea culpa:
Me acuso de haber disfrutado hasta el éxtasis viendo a Don Draper con cada una de sus amantes…
de haber sonreído cuando se bebía a culo dos Martinis para desayunar…
de haber disculpado sus comentarios machistas…
de haber justificado su despotismo…
Sí…todo eso y mucho más, peeeeero…la cara B del disco suena de otra manera; y es que, cuando en la quinta temporada Draper se convirtió en un marido fiel que ya ni miraba a los pivonazos que se le ponían a tiro, la cosa perdía “colorinchi”. Así de crudo. Y en eso sí estábamos todas/os de acuerdo…nos pone muuuuucho más el “Don malote” que el “Don bueno”. Os lo decía: pura contradicción. Y de ahí que nuestras disquisiciones sobre Draper terminasen como el rosario de la aurora; y eso que el guión siempre era el mismo, pero acabábamos cayendo en los mismos errores; todo empezaba con una frase tan simple como “¿habéis visto el capítulo de esta semana de Mad Men?…seguía con una “oda colectiva” a Draper…que si no hay tío más guapo en el planeta, que si es EL HOMBRE con mayúsculas, que si vaya cabronazo está hecho, que es normal que le ponga los cuernos a la sosa de Betty….bla bla bla…pero inexorablemente, minutos después, la conversación viraba hacia comentarios tipo “bueno, a mi me encanta, pero jamás de los jamases le querría como marido”…o “yo tengo un jefe así y le mando a tomar por c…” Entonces…¿en qué quedamos?…¿no será que todos llevamos un voayeur dentro y disfrutamos observando lo peor de los demás desde nuestro escondite?
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(Imagen: amc.com)
Sea como fuere aquí estoy, como loca, arañando la mesa y contando los días que faltan para que se estrene la sexta temporada de Mad Men, que no alimentará mi alma (tendré que fustigarme mucho más), pero sí mi espíritu.
Además, ¡cuán agradecidas a Draper le estamos mis amigas y yo!…Ya echaba de menos esa terapia femenina que compartimos a gritos cuando nos venimos arriba hablando de Don en medio de un restaurante….y es que Don…es mucho Don.
Vivir y contar a partir de los 40
por Silvia Salgado

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